jueves, 30 de abril de 2009

Foro por la protección de los glaciares:



El sismo que sacudió a la minería


Se volvió a poner sobre la mesa un tema “escabroso” en San Juan. La reunión de la UAC hizo que quedara al descubierto la intolerancia de los dos sectores. Los asambleístas apuntaron a un posible saqueo y contaminación.



El veto a la ley de protección de los glaciares por parte de la presidenta Cristina Fernández a fines del 2008 trajo cola y el enfado de quienes tienen una postura en contra de la minería a cielo abierto llegó a San Juan. El 9º encuentro de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) dispuso dar un impacto en la sociedad sanjuanina, tal como lo expresó el periodista Javier Rodríguez Pardo (unos de los principales líderes de la lucha contra la contaminación minera). El “Foro sobre la protección de glaciares y el ecosistema andino” se posó así sobre la provincia, del 23 al 26 de abril. “No es posible que la presidenta vete la ley de protección de glaciares”, expresó el Premio Nobel de la Paz 2007, Adolfo Pérez Esquivel.

Desde el primer día de la realización del foro, el ámbito céntrico de la provincia se llenó de carteles a favor de la minería y otros por parte de quienes llegaron desde distintos puntos del país para manifestarse en contra. Hubo voces que se alzaron en contra de un posible saqueo y contaminación, mientras que desde el sector minero hablaron de “desarrollo”. Del foro participaron también el cineasta Fernando “Pino” Solanas, la ex diputada Marta Maffei (autora de la ley de protección de los glaciares), Nora Cortiñas (de Madres de Plaza de Mayo), Lucio Cuenca (director del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales de Chile) y el ex diputado Luis Zamora.

El desembarco del foro terminó debatiendo sobre un tema tan espeso como es la minería, que está instalado desde hace seis años en la provincia, pero que la sociedad en general ya casi no le daba chances de discusión. Rápidamente se identificaron dos bandos claramente definidos. Los pro mineros: generalmente, trabajadores del sector (empleados de Barrick Gold Corporation), profesionales de la minería, trabajadores indirectos y los funcionarios de gobierno, dispusieron colocar pasacalles a favor de esta práctica; la Cámara Minera entregó folletos de adhesión a la actividad en Veladero y próximamente en Pascua Lama; desde el oficialismo organizaron un contra foro en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan y algunos trabajadores fueron a la plaza 25 de Mayo el viernes 24 para darle su respaldo a la actividad. Pero del otro lado, el foro comenzó el jueves en el Rectorado (así, los escenarios de las disputas fueron las instalaciones de la UNSJ, pero en distintas sedes) con duras opiniones en contra de Barrick Gold y el gobierno provincial y nacional; hubo una marcha liderada por Pérez Esquivel por las calles céntricas y el encuentro continuó hasta el domingo con charlas y temas tratados en comisiones.

En los días previos a la realización del foro, en las calles la gente empezó a ver carteles a favor de la minería sin entender por qué aparecieron. Mientras que los medios de comunicación de la provincia, en general, no habían anunciado tampoco la llegada de la asamblea de la UAC. “Desde el principio hubo un bloqueo informativo”, aclaró Luis Zamora. Eso también fue criticado por Rodríguez Pardo. El escenario de la intolerancia también llegó al Rectorado cuando un ingeniero intentó dar su punto de vista y le dijeron que “era una conferencia de prensa sólo para periodistas”. Eso fue resaltado por la mayoría de los medios sanjuaninos. Pero del otro lado también hubo críticas: desde la UAC denunciaron que alguien mandó a sacar todos los carteles que ellos habían colocado en las calles y dijeron que recibieron amenazas vía mensajes de texto. Eso último no salió en los medios. El debate entre las dos partes en un mismo lugar, frente a frente, sigue esperando. Sin embargo, desde hacía bastante tiempo que no había un remezón para que los sanjuaninos vuelvan a hablar de minería a cielo abierto, y eso lo consiguió la UAC.

El veto

“Lo que más les molestó sobre la ley es que se iban a revisar todas las actividades que se estén haciendo encima de los glaciares”, expresó Marta Maffei respecto al veto presidencial. Esa ley, sancionada por unanimidad a fines del año pasado en el Congreso de la Nación, disparó la polémica cuando fue anulada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en supuesta “connivencia” -según los denunciantes-, junto al gobernador José Luis Gioja, con Barrick Gold. “Lo que pasa es que Barrick financió la campaña de la Presidenta”, aseguró Zamora. Mientras que, en tono enérgico, Maffei se acercó a las denuncias que hizo semanas atrás el diputado Miguel Bonasso (que dijo que él volverá a impulsar la sanción de la ley bajo las mismas características que la vetada) sobre la posible connivencia gubernamental con la transnacional canadiense: “Después del veto a la ley hubo cuatro horas de reunión a puertas cerradas de la Barrick Gold con el Gobernador –José Luis Gioja-. Y una hora, la semana pasada, a puertas cerradas con la presidenta de los argentinos”. La ex diputada se refirió a que el 26 de febrero llegó a San Juan el CEO de Barrick, Aaron Regent, para conversar con Gioja, y la reunión levantó intriga porque desde el oficialismo salieron a decir que había sido sólo un saludo protocolar (que duró cuatro horas). Después, el 14 de abril, el fundador de la multinacional, Peter Munk, el propio Aaron Regent y José Luis Gioja fueron recibidos por Cristina Fernández en el despacho presidencial. Estas reuniones levantaron la sospecha de los opositores a la minería a cielo abierto.
Por otro lado, Pino Solanas recordó que durante la década del ’90 fue sancionado un paquete de leyes “hechas a la medida de las corporaciones mineras”, cuando José Luis Gioja era el presidente de la Comisión de Minería de la Cámara de Diputados. En tal sentido, Maffei y Zamora colocaron un manto de sospecha sobre la participación a nivel nacional, en la actualidad, del senador César Gioja como presidente de la Comisión de Minería de esa cámara y de Juan Carlos Gioja, como integrante de la misma comisión pero de la Cámara de Diputados y los posibles intereses personales que los hermanos tendrían en materia minera.

Zamora fue más lejos todavía y coincidió con lo que Bonasso expresó tiempo atrás en una columna en diario Crítica de la Argentina sobre el hecho de que César Gioja es propietario de Bentonitas Santa Gema SA, porque –aseguran- alguna vez apareció su nombre en una página web de su empresa como “proveedor de Barrick”. Rodríguez Pardo, por su lado, dijo que él tiene confirmado con escribano y testigos que esa situación existió, lo que colocaría al senador nacional en la posición de tener negocios personales con la minera.

Saqueo

Los principales expositores y participantes del foro también apuntaron contra –según dijeron- el saqueo que vienen a hacer las transnacionales mineras a la Argentina. El cineasta Pino Solanas destacó que estas transnacionales se están llevando en la actualidad “10.000 millones de dólares” del país. Tanto Maffei como Solanas contaron que no se sabe a ciencia cierta cuánto es lo que las empresas extraen, porque lo dan a conocer mediante declaración jurada. Los dos coincidieron en que lo que queda de regalías en la provincia es sólo un “1 por ciento”.

Esta tesis de saqueo fue respaldada por el chileno Lucio Cuenca, con datos concretos, de lo que dijo que sucede en el país trasandino: “En el 2007 las 17 empresas transnacionales que operan en Chile se llevaron 20.000 millones de dólares en utilidades. El presupuesto nacional de Chile ese mismo año –continuó Cuenca- fue de un poco más de 30.000 millones de dólares. O sea, se han llevado ese año dos tercios en equivalencia al presupuesto nacional”.

Marta Maffei, con la mirada puesta en Barrick Gold, aseguró que este tipo de empresas “tienen beneficios con el gas oil, no pagan impuestos y tampoco pagan IVA. Tienen una cantidad de exenciones y beneficios para la explotación minera que convierte exactamente el ejercicio de la minería en una verdadera explotación”.

El agua

“El agua es un bien común: podemos vivir sin petróleo, sin oro, sin plata, sin coche, pero no podemos vivir sin agua. Y es un bien cada vez más escaso”, apuntó Pérez Esquivel. Rodríguez Pardo, por su lado, opinó que las empresas trasnacionales “vienen a buscar lo que queda y acá no dejan nada, dejan la contaminación, la desolación y el saqueo”.

Lucio Cuenca dio uno de los datos que quizá fue uno de los que más llamó la atención de los presentes en el foro: “Barrick ya intervino –en Chile- los glaciares en el Valle de Huasco. Hay estudios de la Dirección General de Aguas que indican que esos glaciares han disminuido entre un 50 y un 70 por ciento”. También contó que en este momento “la expansión de esta minería está poniendo en jaque la vida de prácticamente toda la zona centro y norte de Chile. Hay pueblos completos que han tenido que abandonar sus localidades por la pérdida del agua o la contaminación por el trabajo de las empresas transnacionales”. A eso, el representante chileno le agregó: “En el valle de Copiapó hay estudios que dicen que ese lugar se quedará sin agua en los próximos cuatro años”, por la utilización de esos recursos hídricos por parte las transnacionales.
La llegada de la asamblea de la UAC a San Juan terminó disparando, más allá de las posturas de cada sector, aristas fundamentales en una lectura más profunda. Con esta experiencia se vislumbró una provincia divida por una actividad económica y quedó manifestada la intolerancia de los dos sectores, que sigue sesgando la posibilidad de un debate profundo con las dos posiciones frente a frente, con el fin de dirimir qué provincia quieren los sanjuaninos, con el medio ambiente tocando a la puerta de las conciencias. Sin embargo, el último fin de semana de abril puede llegar a ser importante como bisagra para que el tema minero se instale definitivamente en las discusiones de los ciudadanos. Pero eso sí, con todas las voces y no sólo con las que el poder político quiera que se escuchen.


Pablo Zama.

Pino Solanas:



“Gioja promovió leyes a la medida de las corporaciones mineras”


El cineasta le dio duro al Gobernador. Destacó que la explotación minera le deja sólo el 1 por ciento en regalías a la provincia. Y aclaró que estas prácticas se llevan “más de 10.000 millones de dólares” del país.


Según el dirigente y cineasta Fernando "Pino" Solanas, que el 25 de abril se paseaba por la provincia con una cámara filmando parte de su próximo documental, sobre el saqueo minero y petrolero (y participó del foro sobre la protección de los glaciares), la explotación minera de las transnacionales en Argentina se está deglutiendo, actualmente, “más de 10.000 millones de dólares, porque lo que extraen es mucho más de lo que declaran". Eso tiene que ver, según Solanas, con que no hay “control público sobre lo que se extrae y las mineras pagan los que ellas quieren”. Ahí nomás apuntó contra al Gobernador al expresar que ese control no se da en el país “porque, creo, hay leyes hechas a la medida de las corporaciones mineras que vienen desde los’90, bajo la dirección de José Luis Gioja, que era por entonces el presidente de la Comisión de Minería de la Cámara de Diputados”. Además, expresó que la promoción de esas leyes “marca que las mineras pagan de acuerdo a lo que ellas dicen que extraen y no hay nadie que controle, porque lo hacen mediante una declaración jurada”.

El director de "La próxima estación" aseguró que esa "política de saqueo", que también incluye a la actividad petrolera y que continúa un "modelo entreguista", es apañada por el gobierno de los Kirchner y aprovechada por las empresas transnacionales. "Cualquiera de estos mega emprendimientos de minería a cielo abierto, como La Alumbrera (en Catamarca) y Veladero (en San Juan), se están llevando todo”, enfatizó.

Sólo el 1 por ciento

Pino Solanas aseguró que en estos negocios "están prendidos altísimos funcionarios". Además, contó que las mineras "pagan el 1 por ciento de regalías de lo que extraen y exportan". “La ley marca el 3 por ciento --agregó-- pero también dice que pueden descontar y deducir todos los gastos de extracción, transporte, seguro y flete hasta puerto de destino".

Este negocio redondo para las multinacionales foráneas se sustenta en las casi nulas retenciones y las facilidades impositivas que encuentran en estas tierras, que después devienen en negocios millonarios: "Bajo La Alumbrera, de Catamarca, procesa 600.000 onzas de oro al año y 700.000 toneladas de cobre. A 900 dólares la onza de oro ya solamente con eso son casi 600 millones de dólares. Si a eso le agrego el cobre a 8.000 dólares la tonelada, ya estamos en 1.200 o 1.300 millones de dólares –detalló Solanas-. Pero además las mineras no liquidan los otros 60 metales que se llevan, se llevan metales que son muchos más caros que el oro, como el molibdeno. En definitiva, se llevan lo que quieren y dejan el 1 por ciento”. Encima, las empresas “no necesitan traer sus divisas al país", aclaró.

Por otro lado, el cineasta contó que para él existe una política global que aprovecha estos intersticios: "En los años ’90 el Banco Mundial financió la reforma de la legislación minera en más de 70 países, con el objetivo de llevarse lo que pudiera. Y se está llevando todo de la Argentina. Pero el ciudadano común no tiene información sobre este formidable saqueo, que es saqueo porque se llevan riquezas naturales no renovables”. Según Solanas, muchos ciudadanos no acceden a saber sobre ese tema porque “los medios de comunicación, en general, no transmiten estas informaciones, son cómplices o están comprados”.


Pablo Zama.

jueves, 16 de abril de 2009

Un artista espontáneo y callejero:



Mario Robledo: expresión sin gomina

Es escritor, titiritero, realiza obras de teatro y viaja junto a su arte por todo el país. Un sanjuanino que disfruta de las calles y, con orgullo, dice que vive de lo que hace.


“Yo vivo de esto, además en las escuelas me contratan para dar materias extracurriculares”. La palabra es de Mario Robledo (47), un multifacético artista callejero que pasea sus obras por la provincia haciendo disfrutar a niños y grandes. Un modo de ayudar a distender la rutina de los demás, haciendo pensar. Camina las calles dejando impreso su tinte bohemio y vive, en gran parte, de las monedas que su público ocasional le deja a voluntad en cada tarde de expresión. Sus títeres están en las plazas y parques desde 1982.

El escenario

La espesura del calor seco que todavía impregna este abril tan singular en la provincia de San Juan se posa sobre una mítica plaza 25 de Mayo. El ambiente toma su mejor color con la salida vespertina de los chicos de las escuelas y las luces de la fuente que, en medio de la plaza, encienden el espacio a pesar del oscurecimiento nocturno. Ahí aparece la magia. Las singulares representaciones que salen de la fisura a los poderes que se tornan opresivos. La magia y el aire de los artistas callejeros que le ponen el pecho a la vida y se constituyen en una arista tal vez poco valorada de la cultura provincial.

Frente a la fuente, un par de títeres esgrimen una historia irreal mientras algunos chicos y sus padres se sientan a escuchar lo que esos singulares actores tienen para decir. Algunos flashes salen disparados hacia el escenario ambulante pasadas las 20 del miércoles 15. Uno de los títeres pregunta qué le hace falta al otro personaje y da a entender lo que los chicos ya captaron y al unísono gritan: “¡cariño!”. Los actores principales son Clarita y Colo, pero más tarde, en otra mini obra aparecerá Yenesio, un perro simpático que se mete en el corazón de los niños.

Algunos metros más alejado hay un grupo de pibes de la secundaria, con sus guardapolvos gastados y rayados, propio de los últimos años de colegio, cuando la meta de terminar ya se vislumbra como una aparente “liberación”. Algunos, inclusive, se acercan más al escenario y se sientan en el piso (todavía algo caliente por otro día que rebasó los 30 grados) a disfrutar del show.

La obra finaliza y los aplausos de esos ocasionales espectadores llueven. Detrás de escena hay un sólo responsable de esos minutos de esparcimiento: Mario Robledo, un bohemio como tantos que pasean su arte por las calles y prefieren conformarse una idea de humanidad gastando las suelas de sus zapatillas, viajando y derribando muros para poder expandir su arte callejero por todos lados.

Manos en movimiento

En la noche del miércoles se respira un aire caluroso cargado con las expectativas de los primeros meses del año. La mirada cálida de Mario se posa sobre la muchedumbre, casi como sacando la letra para sus próximas obras. Está solo después del show, guardando los elementos que conformaron el escenario para emitir su mensaje. Algunos padres ya le pidieron el número de teléfono para contratarlo para fiestas infantiles. Cuando el periodista de la calle se acerca, Mario dice que pertenece al grupo “Manos en movimiento”, que conforma junto a su amiga Carla Castelaso (una antropóloga porteña que actualmente reside en San Juan).

Con una permanente sonrisa, quizás disfrutando de ese aire de libertad que pertenece casi exclusivamente al arte sin etiquetas ni presiones, Mario cuenta con pasión que monta escenarios con títeres, realiza obras de teatros y en su cofre de bohemia también tiene espacio para la música, en la que canta sus propias letras. ¿Incursiona en algún género en especial? “Hago lo que va saliendo”. Esa última sentencia abre la puerta para entender lo que él mismo pregona para los artistas: trabajar sobre lo “espontáneo”. Entonces, cuando el ruido de la plaza 25 va cesando, el artista confiesa: “También escribo, escribo mucho”. Ahí, otra arista de este multifacético personaje que el blog de la calle encontró casi por casualidad salta a la vista. “Fundamentalmente escribo de todo”, dice. Tal es así que ya editó el libro de cuentos “Calandria de la cañadita” y el mes pasado sacó a la calle “Salitre rojo”.

Todo se enmarca en una necesidad expresiva que lo tiene atrapado desde niño y que lo llevó a viajar y conocer “desde Tierra del Fuego hasta Jujuy, todo”. Los libros los hace con su propia editorial, “Agua sombra”, que maneja, a pulmón, junto a su amiga Castelaso. Con el arte ya conoció hasta Chile y tiene nostálgicas reminiscencias de algunas personas que se cruzó en otros lugares y de las páginas de algunos diarios que se llenaron con notas que le hicieron en su camino sin rumbo espacial pero con un destino expresivo inmutable.

En su banda de música, a la que no califica bajo ningún estilo específico más que al referente al arte espontáneo, dice que él produce sus propias canciones, según la inspiración que anteceda a la obra plasmada en la voz. Además, cuenta que en este último tiempo trabaja en una novela denominada “Los 20 revolucionarios”: “Es como un policial político. Tiene que ver con el terrorismo asiático, la alta tecnología y toda la discusión propia de la vanguardia política”. Mario admite que su novela es “fantasía”, pero que generalmente toca “temas políticos”.

“La política es dibujo”

Con una sonrisa sarcástica, Mario admite que es mucho más fácil poder llegar con el arte a ciertos lugares cuando se puede hacer bajo la estructura del Estado. “Haciéndolo a pulmón y parando en pensiones y no en hoteles es mucho más difícil que la gente nos escuche”, asegura. Entonces, a pesar de llevar su obra por distintos lugares con total libertad, también se da tiempo para trabajar en el proyecto denominado “Nutrición en vivo”. “Se lo menciona como Plan Nacional de Seguridad Alimentaria, pero en realidad es asistencialismo”, advierte. Pese a eso, Mario y otros artistas le sacan su lado bueno y llegan a la gente mostrando otra forma de divertimento y con distintas obras de teatro, en los lugares más humildes del país. “Nosotros enseñamos así a alimentarse”, asegura.

Con ese proyecto Mario cuenta que viajan por Argentina desde hace seis años. Realizan alrededor de 15 funciones por ocasión y en total tienen un público aproximado de 7.000 personas, entre niños y grandes. “Aunque el gobierno después dice que fueron 10.000 espectadores. La política es dibujo”, tira con impunidad irónica.

Desde muy joven este experimentado artista callejero siempre escribió poesía. Dice que estudió, aunque no terminó, contrabajo y violonchelo. También admite que, como todo escritor, lo “apasiona el periodismo”, pero no lo ejerce. Y en la noche del miércoles, con el calor disipándose de a poco, disfruta de su vocación artística. Hasta que un inspector de la Municipalidad de la Ciudad de San Juan se acerca junto a un policía para advertirle que esa actividad está prohibida sin permiso municipal previo. Entonces Mario se apura a guardar sus cosas.

Antes, una mujer policía, lejos de pedirle que se vaya del lugar, le pregunta sobre Clarita y Colo, sus personajes. “Clarita y Colo son una pareja, es una historia de amor. Clarita es porteña y siempre dice ‘esto está bueno verdá, verdá’ –comenta entre risas-. Y Yenesio es un perro que viene del campo a ver la ciudad y a decir que está bueno conocer San Juan”. La conversación con la curiosa uniformada finaliza, y con la noche encima de la plaza 25 de Mayo la labor artística se despide de otra jornada sin estructuras rígidas:

- ¿Cobra por la función?

- Paso la gorra.

- ¿Y cómo le va?

- Y… más o menos…



Pablo Zama.

jueves, 2 de abril de 2009

Olla a presión:



Malestar en la Policía por la escasa cantidad de efectivos


En la actualidad hay un policía por casi 230 habitantes. Fuentes de la fuerza argumentan que la cantidad de uniformados es casi la misma desde hace más de 25 años, aunque la población de San Juan aumentó considerablemente. Trabajan cerca de 300 horas mensuales y por eso dicen que viven cansados.


Son pocos los policías en actividad que se animan a denunciar que en San Juan están disminuidos respecto a la población que asciende a casi 700.000 habitantes, aunque aseguran que la sensación es generalizada. En la actualidad en la provincia hay un policía cada 226 habitantes. Pese a la imposibilidad (por ley) a manifestarse que tienen los uniformados, desde adentro de la Central de Policía y desde algunas comisarías suelen abundar los comentarios en voz baja sobre el padecimiento que tienen los uniformados. Por falta de personal dicen que se ven recargados en sus trabajos y que las condiciones laborales que tienen en la actualidad no es la mejor. Además, peor aún, aclaran que el sueldo que cobran no tiene relación con la cantidad de horas que trabajan.
Desde la subjefatura de Policía (que es la que se encarga, a través del D1 –Departamento de personal-, de dar a conocer los datos oficiales sobre la cantidad de policías con los que cuenta actualmente San Juan) no se brindó esa información a pesar de los repetidos pedidos de Giro. La burocracia, que estanca la información que es indispensable muchas veces para el quehacer cotidiano de una comunidad y su seguridad, a veces corroe el derecho a estar informado. Desde la Central de Policía sólo atinan a pedir el teléfono del periodista y a decirle que vuelva una y otra vez, por si tiene chances de ser atendido.

Sin embargo, una fuente policial confiable, que pidió reserva de su identidad, habló con este medio y aseguró que la cantidad de policías que tiene San Juan es de 3.068 en la actualidad y el último relevamiento poblacional (data del año pasado) dice que la provincia tiene 695.640 habitantes.

Si se lo compara por ejemplo con una provincia más chica como es San Luis, la cantidad de policías que hay en San Juan respecto a la población es bastante reducida. En la provincia puntana, según las fuentes periodísticas, hay alrededor de 2.600 policías para velar por la seguridad de aproximadamente 400 mil habitantes. Eso larga el dato de que en San Luis (una provincia con un índice de inseguridad mucho más bajo que San Juan) hay un uniformado por cada 150 personas. Por el lado de San Juan, en cambio, hay un policía por casi 230 habitantes, siendo la provincia cuyana que marcha en segundo puesto (detrás de Mendoza) con respecto a los niveles de inseguridad actual. Por otro lado, un dato importante, que también llega desde las esferas de la seguridad, especifica que “en todos los países lo óptimo es que cada 100 personas debe haber un policía”.

La llamada “sensación de inseguridad” ya quedó como anécdota y el propio senador nacional César Gioja reconoció en una entrevista radial que actualmente “hay inseguridad” en la provincia. Pese a que desde otras esferas del oficialismo prefieren no dar la imagen de que San Juan ha sufrido una suba en los índices delictivos. La respuesta a este crecimiento en la vulnerabilidad que siente el ciudadano sanjuanino cuando sale a la calle es analizable desde una estructura bastante compleja, en donde intervienen muchos y variados factores sociales. Pero uno de los motivos para que en ocasiones la policía vea desbordado su accionar, según las fuentes policiales, refiere al malestar con el que trabajan, que en muchos casos aseguran que lo hacen con muy poco descanso y teniendo que cubrir horarios extras a sus trabajos cotidianos “por la falta de personal que hay”.

Cada vez menos policías

Dos fuentes de las fuerzas de seguridad coincidieron en que en el total de policías que tiene San Juan van incluido también aquellos efectivos que han presentado carpeta médica (no están trabajando por enfermedad) y también aquellos que están de vacaciones, con lo que el número inicial disminuye.

“En 2.005, cuando la población de San Juan tenía aproximadamente 650.000 habitantes –el Censo Nacional del 2001 arrojó que la provincia contaba con 620 mil habitantes-, había 2.855 policías en la provincia”, aseguró la voz policial. En ese sentido, otro policía argumentó también que en el año 1975 había alrededor de 3.000 policías y que ese número no ha variado mucho con los años. Eso demarca, teniendo en cuenta el crecimiento poblacional de la provincia, que la proporción entre la cantidad de policías y el número de habitantes es cada vez más escasa en San Juan. A eso se le agrega que, cumpliendo con los turnos respectivos (la mayoría trabaja 24 horas por 48 de descanso), por día hay sólo cerca de 900 policías que cuidan el orden en toda la provincia.

Eso encuentra su explicación, según uno de los funcionarios de seguridad entrevistados, en que “la misma cantidad de policías que ingresan a la fuerza es el mismo número de uniformados que se retiran. Pero eso es así desde hace 25 años”. Un dato no menor es que, más allá de la cantidad de gente que se retira con la cantidad de años de aportes completo, el número se incrementa con los policías que deciden dejar la fuerza con 20 años de servicio (retiro voluntario, con el mínimo de aportes jubilatorios). “Con esa opción se han retirado, por ejemplo, en marzo 20 policías”, contó la fuente. Para retirase con el 100 por ciento de los aportes un agente o un suboficial debe cumplir con 25 años de servicio y los oficiales lo deben hacer con 30 años.

La voz policial aclara que en el año 2008 “han ingresado, entre oficiales y agentes, 250 policías y la camada que se fue llegó a 175. Pero esto no es tan así por la razón de que hay policías que se van con menos años de servicio. El año pasado por ejemplo habían 200 uniformados más que ahora y la población ha crecido”.

Retiros prematuros

Desgaste físico y emocional, estrés, sueldos bajos, problemas cardiacos, malestar con la cúpula policial, los altos riesgos con los que conviven en la actividad y la cantidad de horas de trabajo mensual, son las razones fundamentales a las que apuntan –según el informante- los policías que deciden retirase de la fuerza con la cantidad mínima de años de servicio.

“Definitivamente la persona que trabaja más de ocho horas diarias ya no sirve. Eso lo dice la Organización Mundial de la Salud”, asegura uno de los policías que conversó con este medio. Esa aseveración tiene que ver con la cantidad de recargos (horas extras de trabajo sin remuneración adicional) que, según argumentan desde la fuerza, hace que no descansen lo suficiente y que además no puedan tener otro trabajo además de la policía. Aunque hay algunos –cuentan- que logran tener otro trabajo paralelo y deciden retirase con el tiempo mínimo en la fuerza para continuar con el otro trabajo que no les proporciona tanto desgaste.

Respecto al último punto, en la policía aseveran que los efectivos están autorizados a tener otro trabajo en relación de dependencia sólo en la docencia. Aunque las fuentes aseguran que en la mayoría de los casos, por el tiempo que le deben dedicar a la policía, no pueden tener esa actividad (en caso de ser docente).

Una de las fuentes explica que en la actualidad “el policía que trabaja menos tiempo lo hace por alrededor de 300 horas mensuales porque trabaja 24 por 48 –sólo con esas guardias ya suman 240 horas al mes- y porque además a eso hay que sumarle, muchas veces, ocho horas más por guardia”. Es decir, el descanso del primer día posterior a la guardia se ve disminuido por ocho horas que a veces el policía debe prestar a modo de “recargo de servicio” y que no son pagas adicionalmente. “Eso se hace justamente por la escasez de policías que hay y por ley se realiza desde hace muchísimos años”, expresa un informante. Además, en muchas ocasiones, si en el segundo día de descanso al policía le sale la posibilidad de hacer un adicional (un trabajo por fuera de las horas de servicio y que tiene remuneración extra: alrededor de 50 pesos por cuatro horas) lo hace, a veces en desmedro de su momento para descansar. Lo destacable en este caso es que no hay tope de cantidad de adicionales que puede hacer un efectivo y si llega a sobrecargarse, el policía corre el riesgo de no cumplir bien con su trabajo cuando vuelva a estar de servicio.

Peor que otros trabajos

“Nosotros quisiéramos que el gobernador –José Luis Gioja- nos diga como a los maestros: ‘Hora trabajada, hora pagada’”, manifiesta un policía y empieza a trazar una diferencia con los maestros en la situación laboral, como ejemplo y para poner un parangón y explicar su trabajo. A eso se le suma la situación económica. “Un maestro de primaria trabaja 120 horas mensuales” (la mitad de lo que trabaja un policía, sacando los recargos), explica un uniformado. Otra fuente asevera que por esa cantidad de horas los maestros, con el incentivo docente y tickets incluidos, llegan a la suma aproximada de 1.600 pesos mensuales de bolsillo, lo mismo que cobra (trabajando muchas más horas) un agente de policía que recién ingresa a la fuerza. Mientras que un oficial nuevo gana alrededor de 1.900 pesos por mes.

Por otro lado –aseguran-, el sueldo básico de un policía es de 450 pesos cuando el de un docente es de 780. Asimismo, otro de los reclamos que hay en el seno de la policía tiene que ver con la escasa remuneración que reciben cuando ascienden: “el ascenso de agente a cabo significa un incremento de 25 pesos nomás”.

Aparte de eso, dentro del cúmulo de motivos que dan a conocer algunas voces desde adentro de la policía y que hace declinar a veces a algunos trabajadores hacia la decisión de dejar la fuerza antes de tiempo, es la de la demora en los ascensos: “Ese es uno de los problemas que tenemos, el subjefe de policía –Roberto Agustín Castro- por ejemplo, no se quiere retirar y eso está trabando toda la pirámide. Porque si él se jubila, todos los niveles dan un paso más de ascenso. Pero así se frena el ascenso de mucha gente”, agrega un uniformado.

En ese sentido, la denuncia que hacen algunas personas vinculadas a la fuerza policial sanjuanina es que la ley del régimen policial Nº 5.421 (de la provincia) “no se cumple en los ascensos. Ahí aclara que cada efectivo que no tenga planilla de castigo o algún impedimento o partes médicos prolongados tiene que ascender cada cuatro años. Pese a eso, hay agentes que tienen más de 20 años de servicio y no han obtenido ningún ascenso”.

Finalmente, otro tema que una de las fuentes apuntó como motivo para el retiro prematuro de algunos policías (retiro voluntario) es el de la permanencia por mucho tiempo de una misma cúpula de conducción de la policía: “Eso no nos conviene porque no hay reactivación de ideas”.

El otro uniformado cierra: “Por la calidad de vida que lleva un policía, su tiempo útil (en la que puede rendir bien en el trabajo) se estima en diez años en la fuerza. Después, baja notablemente el rendimiento por problemas de salud, estrés, diabetes, tensiones y se produce un problema social, de malas actitudes y malas contestaciones del efectivo de policía”. Una de las causas para que un trabajador que cumpla la función de cuidar el orden en la ciudad llegue a ese estado –expresan- es la escasa cantidad de efectivos que hay en la actualidad, que los lleva a trabajar más horas de las que -argumentan- deberían trabajar. Éso, además, se torna en un punto sobresaliente a ajustar para frenar la situación de inseguridad que vive San Juan.

Pablo Zama