miércoles, 20 de agosto de 2008

Crónicas puntanas 2:



Ser inmigrante en San Luis

Dos vidas que tienen mucho en común. Un senegalés y un peruano que viven lejos de su tierra y disfrutan de la provincia. Trabajan como vendedores ambulantes y son parte de la franja de inmigrantes que residen como dos sanluiseños más.



Desde hace varios años, el crecimiento de la cantidad de inmigrantes residentes en la provincia se ha tornado muy notorio. Según los datos de la Dirección Provincial de Estadísticas y Censos, en 1991 ya había un total de 4.004 personas que nacieron en el extranjero y se radicaron en San Luis. Y el último censo, que data del año 2001, muestra un crecimiento en la población de inmigrantes de 909 residentes más. De aquí se infiere que hasta la actualidad, la llegada de extranjeros que arriban a San Luis en busca de trabajo va en un franco crecimiento.

En relación al tema, El Diario de La República salió en busca de algunas voces de inmigrantes para reflejar la vida de los que dejaron su país para instalarse en esta provincia. Así, Mustafa (de Senegal) y Víctor Linares (de Perú) contaron sus historias cargadas de nostalgia y nuevos proyectos. Dos historias que conviven en el mundo paralelo de satisfacción económica y logros personales, pero, a la vez, instantes de tristezas por lo que cada uno dejó en su lugar de origen.

“Musta”

La historia de cada persona tiene, en ocasiones, reveces que llevan a tomar decisiones muy importantes en la búsqueda de un futuro. Eso le pasó a Mustafa, un senegalés de 23 años que optó por radicarse en Argentina y actualmente vive en San Luis.
“Musta”, como le dicen los conocidos suyos, trabaja desde hace un año en un local de venta ambulante del Paseo del Padre. Él aclara: “Yo tomé solo la decisión de venirme, vine por trabajo”.

La impasibilidad es, a primera vista, el rasgo personal que lo destaca. Domina el castellano, pero prefiere tirar palabras de a poco, el miedo a equivocarse parece condicionarlo. “No hay trabajo para ganar plata allá”, dice y pierde la mirada en el piso.
Mustafa nació en la ciudad de M’bour. Pasa todos los días, y la mayor parte de las horas, en el Paseo del Padre. Usa su reloj pulsera en la mano derecha y vende desde gorros hasta anillos. Musta llegó a la Argentina hace dos años y su primer destino fue Capital Federal. Allí trabajó hasta el año pasado y en el mismo rubro: vendedor ambulante.

Musta pone en claro que Buenos Aires no es tan tranquilo para vivir. Prefirió llegar hasta San Luis porque un amigo que conoció en Mar del Plata lo invitó a venir. “Acá es más tranquilo que en Capital Federal”, destaca. Está sorprendido del carácter hospitalario de los sanluiseños y, dentro de su timidez, se acuerda que mucha gente lo invitó a comer a sus casas cuando él recién pisaba la tierra puntana.

No hay mucha gente en ese espacio comercial pero Mustafa explica que esa parcela de sueños en la que reside (el Paseo del Padre), se llena de turistas y dueños de casa los fines de semana.

En Senegal dejó algunos sueños y su familia: compuesta por sus padres y sus hermanos (prefiere no precisar la cantidad). No sale a boliches y sólo piensa en trabajar. Ahora sus anhelos están puestos en prosperar en su nuevo lugar y alguna vez cumplir el sueño de volver a casa. “Todavía no sé que hacer de mi futuro”, termina de contar.

Mientras se acerca la hora de almuerzo, quien dice ser el único africano en San Luis, sigue con su trabajo, pasa una chica y se acerca a mirar sus productos. Él, como siempre, pregunta con un: “¿Qué necesitas linda?”

Nostalgia a la peruana

Lleva puesta una camiseta de Universitario de Perú como si esa identificación le sirviera para gritar: ¡no olvido a mi tierra! Su nombre es Víctor Linares. Tiene 47 años. Y lleva 15 años en San Luis. Trabaja en el Paseo del Padre como vendedor ambulante, muy cerca de Mustafa. “Uno nunca se termina de acostumbrar a estar lejos de su país”, empieza a contar. Ahí nomás aclara: “Este –San Luis- es un sitio tranquilo y me siento a gusto con mi familia”.

La falta de trabajo y la inestabilidad laboral terminó por ponerlo a Víctor en una situación complicada. Él asegura que con más de 30 años se le hacía difícil conseguir trabajo en su tierra. Decidió llegar directamente a San Luis y trabajar en la construcción.
A los dos años de instalado en la provincia trajo a su familia y se puso un puesto en el Paseo del Padre. “Yo soy prácticamente el fundador de la venta ambulante en este lugar”, se jacta. Extraña a sus padres, pero siempre está en contacto con ellos vía telefónica.

Linares tiene tres hijos peruanos y uno sanluiseño. El mayor tiene 23 años y ya es jefe de familia, el que le sigue es un muchacho de 17 años que estudia Ingeniería Electrónica en la Universidad Nacional de San Luis. La nena tiene 15 años y termina sus estudios secundarios. El benjamín de la familia peruana, de 8 años, es nacido en la provincia. “Yo ya soy nacionalizado argentino y mi esposa está por terminar sus trámites también”, dispara el hombre nacido en Lima.

Apenas llegó a San Luis Víctor se instaló en una pensión y ahora alquila a la espera de poder conseguir su casa propia.

Además de sus seres queridos extraña la comida peruana (pescado, mariscos, patos). Mientras cuenta que en Argentina simpatiza por San Lorenzo una señora le pregunta por los aros de coco y él atiende el pedido.

Según este peruano nacionalizado argentino, en su país el salario mínimo no llega ni a la mitad de lo que está en Argentina. Esa es una de las razones por las que decidió emigrar.

Linares mira al periodista y con cara de pedido de que su frase vaya en la nota, asegura: “Lo que más me gusta de San Luis es la tranquilidad, la educación y la cordialidad de su gente”.

Tanto Musta como Víctor tienen muchas cosas en común. Los dos son inmigrantes. Ambos están contentos con la gente de la provincia. Les gusta el fútbol. Admiran a Messi y a Maradona. Y sueñan con volver algún día a su tierra.


Pablo Zama

miércoles, 13 de agosto de 2008

Crónicas puntanas 1:




De profesión: LAVACOCHES


La historia de Kely, el hombre que lava y cuida autos en la plaza Pringles. Estuvo preso. Fue adicto a las drogas. Ahora, recuperado, trabaja para ayudar a sus hijos y a su padre. El reflejo de una sociedad que poco se conoce.



Kely es un lavacoches de 45 años que ejerce en la calle Junín, en un extremo de plaza Pringles, desde hace 8 años. Estuvo preso por consumo de drogas y alcohol. Se rehabilitó. Y la sociedad le dio otra oportunidad. En un día laboral bueno aclara que embolsa alrededor de 50 pesos, pero destaca que no todos los días son así. Antes de ser lavacoches trabajó en una agencia de autos y también tuvo una verdulería.

Se acerca para conversar y en su imagen ya se vislumbra cómo es personalmente. Tiene un gorro negro de lana para cubrirse del frío. Usa un chaleco polar. Entre sus manos sostiene dos trapos para lavar autos. Lleva jean y zapatillas negras. Su cara esotérica, que denota algo oculto en su historia de vida tras sus ojos azules, termina por dibujar su fachada.

No da a conocer el nombre que lleva en su DNI. Pero sí aclara que le dicen Kely: el nombre que la sociedad próxima, en los suburbios de un mundo que está, pero del que poco se sabe en profundidad, el de los lavacoches, le impuso como sello. Así le dicen todos, aunque Kely cuenta: “ese sobrenombre me lo puso mi vieja cuando yo era chico”. Esa madre que ahora extraña porque, destaca, ese fallecimiento es lo peor que le pasó en la vida. “Mi vieja siempre estaba al lado mío, me apoyaba mucho, incluso cuando me separé”, cuenta.

Kely lleva en su vida reminiscencias de un tiempo difícil: “Con el tema de las drogas mis viejos siempre me ayudaron mucho para recuperarme. La verdad es que ellos siempre han sido muy buenos conmigo”.

Llega una 4x4 nueva (que contrasta con el Fiat 125 amarillo bastante descuidado que está a su lado) a esa guardería al aire libre y Kely se acerca para indicarle al conductor cómo estacionarse. En ese mismo instante, confiesa que está un poco preocupado porque su padre tiene cáncer de próstata.

Las drogas

La mañana de San Luis sigue en movimiento y el ruido de los motores es imparable. Pero Kely sigue con su historia. La droga lo sometió cuando empezaba a transitar la segunda década de su vida. “Hice rehabilitación aquí, en el psiquiátrico de San Luis y gracias a Dios me fue bien”, dice. Y, con pena, confiesa: “Después del servicio militar probé pastillas sin receta, por curiosidad, y después consumí marihuana y cocaína”. La droga hizo declinar su matrimonio. “Me abandoné a mí mismo. Me encontré en una calle, tirado, borracho y drogado”, recuerda lacerado.

Kely fue tratado también por el grupo de rehabilitación GIA (Grupo Interdisciplinario de Alcoholismo). Y los barrotes del Penitenciario Provincial lo tuvieron encerrado en dos oportunidades. A los 22 años fue preso por dos semanas y a los 29, cuando tocó fondo, llegó a la cárcel para quedarse durante dos años. Aunque trata de no hablar mucho de la experiencia en prisión y prefiere decir que hizo algunos amigos ahí y que le enseñaron a ser respetuoso.

El hombre de gorro de lana negro llega a la plaza cerca de las 10 y se queda hasta pasada las 14, pero muchas veces pasa de largo hasta las 21. Los días son inconstantes: el trabajo y la plata que éste arroja a veces es abundante y otras veces es muy insatisfactorio.
Lleva el karma, como todos los lavacoches, de la desconfianza social. Porque al generalizar (se queja uno de ellos por calle San Martín) caen todos en la misma bolsa, cuando ocurre un hecho delictivo.

Hay colegas de Kely que pasan de largo todos los días y están apostados en su lugar de trabajo desde las 7 hasta la noche. El lavado de los autos cuesta 7 pesos y lo remunerado por el cuidado es a voluntad del dueño del coche. En ocasiones no hay fines de semana y la música de los días es el ruido de los motores encendidos que van buscando su guardería en las calles de la plaza.
En el caso de Kely, los domingos son sagrados y a veces descansa los lunes también, todo depende de la plata que tenga al finalizar la semana.

En los restantes extremos de la plaza Pringles hay más hombres, lavacoches, que llevan un mundo dentro de sí mismos, son sueños diversos. Son alrededor de cuatro o cinco por cada cuadra. Uno de ellos exagera y asegura que la cantidad de personas que trabaja en este oficio sobrepasa los 200 en la ciudad, entre los que están en las plazas, Paseo del Padre y la avenida Illia. Desde la municipalidad detallan que el número de lavacoches ronda sólo 34 trabajadores en la capital, entre los que suman aproximadamente: 20 en la plaza Pringles, 6 en el Paseo del Padre, 4 en la plaza Independencia y también 4 (que trabajan de noche) por avenida Illia.

El controvertido y polémico tema de las ordenanzas municipales que prohíben el lavado de autos en la vía pública y el estacionamiento alrededor de la plaza principal de la ciudad, sigue en vigencia. Un funcionario municipal destaca que el límite entre lo legal y lo legítimo es una disyuntiva que tiene mucha historia en este aspecto. Entonces Kely, como otros lavacoches, sufren la incertidumbre por no saber de qué van a trabajar en caso de que esas ordenanzas se apliquen. Así, llevar el pan a sus casas se tornará en una tarea muy difícil.

Aunque lejano a aquello en esta mañana, Kely, el hombre rehabilitado de las drogas y el alcohol, hincha de Boca y Estudiantes de San Luis, se dispone a contar que tiene un nieto de 3 años (la mamá del pequeño es su hija de 18). Y su otro chico, de 14 años, cursa sus estudios secundarios.
En los ecos que vienen de otros lavacoches, algunos señalan que hay un trabajador de este rubro que tiene 9 hijos y otro cría a sus tres niños solo, después de haberse separado de su mujer.

Una frase categórica: “Prefiero laburar acá que como empleado de un plan de inclusión, es más rentable esto. Ahí se cobra 520 pesos”. A la vez, Kely admite que sueña con un trabajo digno y aclara que no pide más que el salario mínimo vital y móvil (1.200 pesos).

Los fugaces instantes en los que conversa con sus clientes son también oportunidades para el debate. “Este último tiempo todo el mundo me conversaba sobre el conflicto del campo y ahora se habla mucho de los juegos olímpicos”, sentencia.

Esas charlas sirven también de testeo sobre la mirada que los turistas tienen sobre San Luis. Hay visitantes que le han dicho a Kely que les gusta el orden que tiene la provincia con respecto a las autopistas de la ciudad, pero también hay otros que se quejan de los caminos, sin precisar cuáles. En esos contactos el lavacoches se convierte en un guía turístico que indica cuáles son los mejores hoteles y los restaurantes que atienden mejor.

Este hombre bastante crítico del gobierno nacional y provincial cuenta que hace de lavacoches a domicilio a veces, porque hay clientes que le solicitan que vaya los fines de semana a lavarle los autos a sus casas. También especifica que hace más plata en el invierno. Eso es porque “a la gente no le gusta mojarse las manos cuando hace frío”. Un Torino, que recuerda a aquellos que tanto dieron que hablar en las carreras alemanas de fines de los ’60, se retira. Y se estaciona en su reemplazo un Wolsvagen Gol. Su dueño sale, mira al lavacoches y dice: “Hola viejo, ¡por fin puede estacionarme!”. Llega la tarde y Kely sigue en su trabajo, no sabe hasta que hora. Pero igual que los demás lavacoches de la plaza Pringles, toma su trapo y el balde con agua que sacó de la fuente y sigue con su rutina.


Pablo Zama

martes, 29 de julio de 2008

Sinrostro



En el piso derruido por el paso de los días, el frío y los avatares de la miseria; en ese piso impune se ve su reflejo. Despeinado, huraño, espejo de una minoría. Algo, en esa polvareda, sin embargo, se levanta.



la música es corrupta

falla la melodía cuando

al mandamás le conviene

y hay un lugar

en medio de la soledad

en donde

el frío

no se nota



El recorrido es siniestro, aunque el acostumbramiento hace que la pérdida de la dignidad no lacere más, por lo menos en la superficie. A las 4 AM una campera rota va sobre sus hombros. La basura en el mismo baldío es distinta. El carro se empieza a llenar. Los perros de todos los días son el escollo habitual y los viejos cirujas, sus amigos en la desidia.



ya no hay tiempo para el miedo

en las vías

con la masacre de su futuro

va una estampita

un recuerdo nefasto

de cuando pensaba

en que la humanidad era humana

un auxilio apócrifo



Hay frío. Hay bronca acumulada. Tiembla un cuerpo en una esquina. El mundo se le ha vuelto visceral. Los cartones le pesan en la mirada. Está despeinado, sucio, vacío, pero es lícito para él despojarse de sí mismo, porque nadie lo ve. Y es desde que se considera sólo un número, cuando decidió borrar su risa, que ya no llama a su pasado. Al menos imita un disfraz social cuando sonríe sin querer hacerlo al momento en que los demás le sonríen sin querer hacerlo.



en el juego

los protagonistas son otros

y el resentimiento lo escupe

en medio de la noche

entre las basuras

estigmas de lo que aprendió

la soledad insana

el juego de su vida



Desde la vidriera, del lado de los sinrostro, ve pasar cada capítulo, ajeno a la situación. Detrás de los cristales la perspectiva es extraña. Pero, después, el paso efímero de las fugaces instantáneas somete otra vez el futuro. Despierta a las 4 AM y maldice ese despertar. Sale a la calle con la campera rota que lleva sobre sus hombros. Y mira con desprecio a los hombres de un mejor vivir. Pero no llora.



tiene una marca, un sello

como la espina

que se le clava en el alma

de ser un número menos

después de aquella terrible tarde

mientras el paso del tiempo

se torna irremisible

porque desprecia al sol

cuando se acuerda

de la violación a los dos años



No lee los diarios, que no hablan de los sinrostro, en esas líneas que se hacen llamar periodísticas. Frecuenta la oscuridad. El escruche como pasatiempo hace que se accione la adrenalina en la noche. Su ídolo es Messi, aunque los días le gatillen que no tiene ni para ir a la cancha de San Martín. Sube al colectivo sin pagar, conversa con el chofer y aprende a ser mirado como una nada. Le temen. Se baja en cualquier esquina y prende un paco para olvidarse de él mismo y de los sinrostro que lo acompañan en esa aventura.



alguna vez hubo sueños

algún día creyó ser libre

pero otra vez el murallón de la realidad

después de despertar de la hipnosis

lo espantó hacia el baldío

lo arrojó en el día a día

al mismo tiempo que

encendió otro fósforo

y volvió a soñar



Los zapatos desgastados cavilan por la cornisa. Pero sigue, como puede, caminando en una vida paralela, la que pudo haber sido, la de otros, esa que ahora desprecia. Se levantó a las 4 AM. Está despierto todavía, aunque prefiera la hipnosis permanente. El síndrome de abstinencia no dura nada, porque lo disipa, y el cadáver de otro porro cae sobre el piso derruido que es reflejo de su existencia. En la plaza hay papeles, folletos que hablan de las próximas elecciones. Entonces se alegra, porque volverá a sentir ese gustito fugaz de la dádiva. Le grita a una mina que va hacia la facultad. Saluda al policía que le muestra la sonrisa cómplice de los que han gastado las suelas caminando la calle. Grita en medio de la peatonal. Y se toma a las piñas con otro de los sinrostro, para decir: “Aquí estoy, todavía”.



Pablo Zama


jueves, 17 de julio de 2008

El fin de las retenciones móviles:




Decisión cobiana


Un pelotazo, al ángulo, en contra


Por Pablo Zama


El hombre se para frente a la pelota. Tiene ante su mirada al arquero de su propio equipo, pero lo puede doblegar de un estiletazo. En ese momento el celular suena, pero no lo atiende. El llamado puede llegar desde las esferas más altas de la dirigencia de su club, el pase le pertenece a la entidad, pero él está por hacer el gol. Siente que tiene que hacerlo, batir la red y festejar de cara a su hinchada. Decide patear, nervioso, preocupado. Pero patea y somete al arquero. Y sale de la cancha pensando en que lo que hizo es lo que debía hacer……


La decisión provocó el temblor de la cúspide y su propio movimiento estentóreo, el de su cuerpo, fue a dar contra el murallón de lo que, él creía, debía darse. Un segundo que pasará a la historia y, cómo dijo él: el tiempo lo juzgará. La historia dirá si la decisión fue la acertada. Pero, más allá de eso quedó claro que la democracia ejerció su lugar en una Argentina devastada por gobiernos nefastos. En un gobierno presidencialista decidió el Senado, pero más allá de eso decidió el voto de un vicepresidente. Y, encima, el voto del vicepresidente fue en contra de lo que el mando del poder ejecutivo (ese poder ejecutivo que él integra) había tomado como postura. ¿Heroico?, sí, puede ser. ¿Histórico?, seguro. ¿Decisión idealista?, no sé.


Desde el momento en que la palabra salía de su boca había algo más torturándole el pensamiento. Esas disyuntivas que el destino tiene reservado para el camino de cada político. Eligió optar por la decisión pensada en la soledad del poder o eligió tener la chance futura de acceder al poder en soledad (en alguna elección posterior), el tiempo dirá. Pateó el penal, rompió la red y el estadio se dividió, como ya estaba, entre bandos. Fue insultado, tratado de los más bajo por algunos, por eso que a su vez relucía en su frente como lo contrario de lo que decían sus adeptos recientes (el campo y compañía).


Cobos ya había reunido a los gobernadores (una reunión de poca concurrencia por causa del reto presidencial) para intentar, según él, resolver el problema con el campo. Fue la primera señal de separación ideológica y metodológica en el gobierno de los Kirchner. Ahora, con todo el Senado expectante, a las cuatro de la mañana, tomó el micrófono y, temblando, tiró: “mi voto no es positivo, mi voto es en contra”. Un mitin de reos de sus causas quedó perplejo. El golpe fue por demás duro para los Kirchner. Y lo que se intenta entender por estas horas, que son muy convulsionadas en la intimidad del gobierno nacional, es el porqué de la decisión desencadenante en el peor abollón que recibió Cristina en su gobierno. La posibilidad de la construcción de poder aparte, por el lado de Cobos, puede ser una de las metas. Aunque el mendocino también habló de sus convicciones (tiene como antecedente haber dejado su partido político para sumarse a la concertación con el kirchnerismo). Hay contradicciones que, en fin, son propias, generalmente, del poder. Aunque esta vez Cobos salió mejor parado, el tiempo lo juzgará y ese mismo tiempo podrá decirnos si en ese instante demoledor de la 125 el vicepresidente votó por convicción o por interés.


Ahora, convertido en un escollo complicado de sacarse de encima para los Kirchner (que lo sufren adentro de la propia casa presidencial) la familia ejecutiva no se llevará muy bien. De las posibilidades diplomáticas (que revisten siempre falsedades compartidas para sostenerse) dependerá el gobierno de Cristina. Un gobierno que recibió su golpe más duro y que, sumado a la caída de la imagen de la presidenta y su esposo, el abismo está en este momento muy cerca. Remontar el barco es cada vez más difícil para los Kirchner que se encuentran zambullidos en una soledad peligrosa para sus ambiciones. Un gobierno mal mirado a nivel internacional, producto de ofensivas demasiado frontales y de no poder solucionar un conflicto interno que llegó a los 126 días, perdiendo finalmente la pulseada en el Congreso, hace agua y la inmunidad popular se le agota.


Lo que empezó Néstor Kirchner en el 2003 con sus salidas frontales, tratando de despojarse de la obligación de mostrar signos diplomáticos a nivel nacional e internacional hoy termina por tenderle la encerrona más grande de su vida política en el gobierno de su mujer, que está más cerca del apellido Kirchner que de Fernández.


Cobos aclaró que no piensa en renunciar y la tensión en la Casa Rosada sube. El cuyano rompió, deshizo, la costumbre del plano humilde, del bajo perfil, de un vicepresidente (ese mismo perfil que prefirió dejar atrás en una oportunidad Daniel Scioli y fue castigado cuando el presidente era Néstor). El protagonismo de Julio Cleto Cobos será, de ahora en más, uno de los escollos más complicados que se le hayan cruzado en el camino a Cristina.


El precio por no llegar a un arreglo, por no acordar con el campo, esos 126 días en ascuas, le pasa su factura a Cristina. Y en ese contexto, la mirada del matrimonio Kirchner vio sorprendida cómo muchos justicialistas votaron en contra de la ley de retenciones. El ex presidente (ahora jefe del PJ) fue muy duro poco tiempo atrás con sus correligionarios que no eran adeptos con su línea política. Hoy las palabras fueron un boomerang que estalló en un golpe durísimo en el Senado de la Nación.


Volcó el auto de los Kirchner y la familia pejotista está por demás separada como para poder aportar su grano de arena para levantarlo. La oposición se visualiza en los agrarios. Hay un dirigente que cobró fama e influencia en alguna parte de la sociedad: se llama Alfredo De Angelis. La gente, por lo menos la mayoría, tiene en su memoria haber escuchado a Guillermo Moreno hablar demasiado en un INDEC cada vez menos creíble. La gente se acuerda ahora de los matones que acompañan a Moreno en las movilizaciones pro-oficialistas. Los Kirchner están peleados con la Iglesia. El mundo los mira con recelo. Poco a poco salen a relucir los malos pasos dados en Santa Cruz cuando Néstor era gobernador. Un autoritarismo, a simple vista, incurable, inmanente en su ser. Y la pelea con Clarín le valió tener a los medios de comunicación como enemigos íntimos.


Ni el piquetero K Luis D’Elía se ve tan poderoso como para poder convencer, cual puntero político de prestigio, a los adeptos kirchneristas que no se les escapó, otra vez, la tortuga; ni el chofer Rudy Ulloa Igor tiene en sus manos esta vez la posibilidad de acallar a los medios y ponerlos al servicio de sus amos.


Presos de sus palabras, los Kirchner viven en una soledad apabullante el peor momento de sus carreras políticas y, encima, en la cúspide nacional. En esa relación extraña de este gobierno, en donde nunca hubo un binomio sino un trinomio presidencial (Cristina, Néstor y Cobos), uno de los invitados a la cama les fue infiel y esa relación estalló en un momento impensado.


El destino quiso que el pase gol, en el final de un partido importantísimo para el futuro, le quede al jugador menos esperado y apuntando hacia el arco de los Kirchner, que vieron, sin poder llegar a frenar el balón, cómo el derechazo radical se incrustaba en la red, movía los piolines y cambiaba la historia de un campeonato que ahora será muy difícil de remontar en lo inmediato.



Con este cimbronazo en el Senado, por más que el gobernador Gioja se muestre enojado por la participación de Cobos, se genera otra expectativa en el primer mandatario sanjuanino. Los Kirchner se habían olvidado políticamente de él y José Luis Gioja empezaba a disentir con el matrimonio. Pero ahora el escenario es otro y la expectativa del gobernador estará puesta en el hecho de que si los Kirchner están tan solos después del empellón cobiano, lo volverán a necesitar y el protagonismo puede llegar a ser otro en el futuro inmediato.


viernes, 4 de julio de 2008

José Martí:


Poesía y revolución


Fue un escritor inigualable en su estilo. Defendió a Cuba como nadie. Amó a los niños. Ejerció el periodismo como arma ideológica. Sintió el rigor desde chico. Trascendió en espacio y tiempo. Y murió cargado de gloria en la guerra que independizó a su país en el siglo XIX.


Por Pablo Zama


Se habla demasiado de los poetas sociales, de la poesía de la realidad. Se discute a garganta desecha sobre los distintos estilos literarios, se pena con ignorancia a los poetas urbanos. Se aceptan las palabras tradicionales y se pone en tela de juicio permanente a la literatura neorrealista, contraponiéndola con el surrealismo de André Bretón. Pero hay algo que no se discute en el plano poético, sino que, en todo caso, se aprecia desde la planicie política y se admira desde la cumbre del alma. Hombres como José Julián Martí Pérez quedan siempre en el recuerdo y en el respeto de las mayorías, como los hacedores de la palabra con sintaxis de sangre revolucionaria.


Martí nació hombre comprometido y se podría decir que su poesía fue nada más que una extensión a su temperamento social. Vio la vida un viernes 28 de enero de 1853 en la Habana. Por ese entonces en Cuba la dominación española era insuperable. Este poeta rebelde era hijo de Mariano Martí y Navarro, sargento primero del Real Cuerpo de Artillería, natural de Valencia, España. Por lo visto, la sangre de luchador ya venía desde la ascendencia. Pero la paradoja quiso que José peleara contra el país de su padre para defender su terruño.


Sin dudas, la isla más grande de las Antillas nació con el estigma de la dominación y la sublevación permanente por la opresión constante. Muy lejos del alma de la Cuba de Fidel Castro cuya práctica es tirana, Martí, que también admiraba los pensamientos de Marx, sentía unos deseos permanentes de luchar contra la opresión y entendía a la libertad como un fin que no debía alcanzarse si no fuera por la práctica de un entendimiento coherente: "Si la libertad de la tiranía es tremenda, la tiranía de la libertad repugna, estremece, espanta" (Martí, 1873).


En la piel de muchos de los escritores contemporáneos de Latinoamérica las letras están impregnadas de recuerdos hacia la patria, con inclinación segura hacia los problemas que aquejan a dichos pueblos. Más allá de esto, Martí también se daba un respiro para disfrutar de la vida en familia y los versos que le escribió a su hijo, expresados en su libro Ismaelillo, quedaron como una celebridad obligada en cualquier cátedra de literatura hispano parlante. Algunas de las pinturas que estos escapes literarios generaron fueron momentos como: ¡Tú flotas sobre todo, / Hijo del alma! / De la revuelta noche / Las oleadas, / En mi seno desnudo / Déjante al alba; / Y del día la espuma / Turbia y amarga, / De la noche revuelta / Te echa en las aguas.


Niñez y adolescencia, dos momentos clave. En uno de los libros de cuentos infantiles de José Martí se puede leer una introducción confensional sin firma que habla sobre una niñez difícil: "José se despertaba temprano para llegar al colegio del poeta Rafael María Mendive -quien fuera su maestro en la poesía y en la vida- donde olvidaba por un rato lo pobres que eran en casa y los gritos que pegaba su padre cuando lo pescaba escribiendo en lugar de estar trabajando la tierra". Por otra parte, el escritor Luis Franco saca a la luz la crueldad con que era tratado Martí durante sus días de insipiencia. "El padre de Martí era militar, ignorante y español en colonia española, lo que casi es como decir que era alguien obligatoria y políticamente duro. Castigó policialmente a su hijo, alguna vez hasta lastimarlo. A través de ese padre -que en el fondo era un buen hombre- hablaba la brutalidad medieval y cristianísima de España". El mismo Martí admitió: "Yo crecí entre golpes". En esos momentos de reminiscencias seguro recordó el momento de arribo a la cárcel el 21 de octubre de 1869, con sólo 17 años. Llegó allí después de haber sido acusado de infidencia, ya que la noche del 4 de octubre, en primera instancia, un grupo de voluntarios de las fuerzas armadas lo acusan a él y a cinco amigos de "haberse burlado de ellos". Después, quienes lo habían aprehendido utilizan una carta redactada por Martí y un compañero donde existe un agravio hacia un voluntario, tildándolo de apóstata por alistarse de oficial español y pelear contra su patria. En 1870 era condenado a seis años de presidio político, viendo la libertad ese mismo año por salir bajo indulto, y el 15 de enero de 1871 es deportado hacia España. Luis Franco escribió: "La cárcel lo satura de horror, de amor y de amargura como el mar satura a la esponja. Pero no lo ahoga. Sobrenada, sobrevive, infinitamente enriquecido, es decir, profundizado en claridad y fervor" (…) "Su amor sale mejor armado que nunca para el combate liberador".


En ese inicio de vida en la represión y la dejadez, sin embargo, logra escribir el optimismo dentro de una nebulosa sin color: "si quieren que de este mundo / lleve una memoria grata, / llevaré, padre profundo, / tu cabellera de plata". Más allá de todo lo padecido en sus etapas de formación personal, José Martí en vez de recluirse en su mundo decidió salir a luchar por él y por sus compatriotas. Y aquellos malos recuerdos pareció borrarlos de su memoria para hacer renacer un amor inconfundible hacia su hijo, que no debía padecer lo que él sufrió cuando chico. Así, escribió: "Ebrio él de gozo, / De gozo yo ebrio, / Me espoleaba / Mi caballero: / ¡Qué suave espuela / Sus dos pies frescos!; / ¡Cómo reía / Mi jinetuelo!".


La acción por sobre todo. "Otros hombres famosos, todo palabra y hoja, se evaporan. Quedan los hombres de acto, sobre todo los de actos de amor. El acto es la dignidad de la grandeza". Martí no podía considerar el compromiso sin acto o, para una mejor expresión, no consideraba compromiso a la lucha de ideas llevadas sin acción. A propósito de esta tesis de vida Luis Franco expresa: "Martí no fue exactamente el tipo de héroe mimado por la tradición. Morir como un paladín es más fácil que vivir como un hombre. Él fue hombre total, que pareció haber hecho de lo sublime un menester de cada día". En la vida de los "poetas sociales" o "poetas comprometidos", tal cual se los etiqueta en ambientes tan competitivos como el literario, generalmente existen historias difíciles y de decisión política combativa (no se entienda esta palabra como práctica revolucionaria violenta exclusivamente). A falta de espacios de expresión o a sobra de censura represiva surgen corrientes literarias cuyos textos matizan la agresividad del momento con la hermosura del sonido poético. Quizá el pensamiento de Martí allá rozado la anarquía juvenil para luego encontrar un medio de expresión que, al igual que el chileno Pablo Neruda, sin proponérselo, lo elevara hacia la trascendencia de la que hoy goza. Pero más allá de la teoría se encuentra en este poeta la necesidad ineludible de llevar a la práctica el camino hacia la liberación de Cuba y (cómo él lo manifestó) de todos los sectores americanos sometidos hasta ese momento.


La poetisa Gabriela Mistral supo ver en Martí a un revolucionario producto del contexto difícil en el que este vivió y dejó sellado: "No olvidemos que este hombre es sobre todo un poeta; que puesto en el mundo en una hora de necesidades angustiosas, él aceptaría ser conductor de hombres, periodista y conferenciante, pero que si hubiese nacido en una Cuba adulta, sin urgencia de problemas, tal vez se hubiese quedado en hombre exclusivo de canto menor y mayor, de canto absoluto".


Por otro lado, la necesidad de cambio de vida estaba, pura y exclusivamente, entonada por Martí, según Franco, a la vida terrenal. Más allá de las denominaciones de el Maestro, el Apóstol, el Místico del deber, el Santo de América, o el Santo a Caballo, dice Luis Franco que la visión del poeta se encontraba puesta en la liberación del hombre en esta vida, sin pensar en la posibilidad o esperar la salvación eterna que promulga la religión católica. Tal es así, que el poeta Cubano expresó: "Morir, es volver de lo infinito a lo infinito". Mientras que la interpretación de Franco manifiesta que "lo infinito era para él la totalidad e inmortalidad de lo que vive" y dice que para Martí vivir no implicaba el camino hacia una verdadera vida después de la muerte. Si se adopta la visión de este último escritor sobre José Martí resulta un tanto más claro entender el porqué de su rebeldía y de su necesidad de realizarse y realizar la libertad persiguiendo el corto plazo. "Buscó el obispo de España / Pilares para su altar / En mi templo, en la montaña, / El álamo es el pilar".


Cabe entonces la necesidad de aclarar que Martí escribía con el objetivo y el sueño de llevar a la acción sus pensamientos y sus deseos más rebeldes. Y un medio para comenzar a actuar y para llegar a cumplir sus metas fueron para él los niños. Para ello, publicó una revista llamada La Edad de Oro y en sus cuentos intentaba mostrarles la verdad sobre el mundo a los más chicos, con la convicción de encontrar en ellos un mañana distinto. En el cuento La Muñeca Negra queda claro este concepto: "(…) con el retrato de un francés muy hermoso, que vino de Francia a pelear porque los hombres fueran libres, y el otro retrato del que inventó el pararrayos, con la cara del abuelo que tenía cuando pasó el mar para pedir a los reyes de Europa que lo ayudaran a hacer libre la tierra...".


El clímax de la liberación, un sueño cumplido. "Sí le aviso -a España- que ser injusto es la necesidad de ser maldito" (José Martí). La revolución que sirvió para la independencia de Cuba tuvo lugar a fines del siglo XIX. Martí con su poesía, con su participación en distintos periódicos y con la puesta en acción permanente de sus ideales llegaba al punto culminante de su meta. Y por esos tiempos escribía: "Cuba quiere ser libre. Y como los pueblos de la América del Sur lo lograron de los gobiernos reaccionarios, y España la logró de los franceses, e Italia de Austria, y México de la ambición napoleónica, y los Estados Unidos de Inglaterra, y todos los pueblos la han logrado de sus opresores, Cuba, por ley de su voluntad irrevocable, por ley de necesidad histórica, ha de lograr su independencia". El poeta comandaba, en el año 1893, la organización de las fuerzas en el exterior y en ese contexto construyó un célebre lema: "Por Cuba y para Cuba". El fin no era solamente liberar a esta isla sino que también constituía la posibilidad, por parte del Partido Revolucionario Cubano, de auxilio a Puerto Rico. A través de una lucha de poderes entre España y Estados Unidos Cuba ve la posibilidad de sublevarse y en un número muy inferior de soldados al que poseían los europeos intentaba la liberación. El problema entre los norteamericanos y los colonizadores de Cuba surgió porque el país norteño deseaba la independencia de la isla para después tomar partido custodiándola y así lograr una fuerza americana con más poder frente al viejo continente.


En un artículo de opinión publicado el 15 de febrero de 1873 Martí apuntaba toda su artillería verbal hacia España y ya había olor a revolución: "No se infame la República española, no detenga su ideal triunfante, no asesine a sus hermanos, no vierta la sangre de sus hijos sobre sus otros hijos, no se oponga a la independencia de Cuba. Que la República de España sería entonces República de sin razón y de ignominia, y el Gobierno de la libertad sería esta vez Gobierno liberticida". Preparado ideológicamente el escenario libertario es cuando Martí, acompañado por sus compatriotas, lucha frente al ejército Español. Pero para el poeta no iba a llegar en vida a conocer la victoria. José Martí muere en el frente de lucha el 19 de mayo de 1895 en la batalla de Dos Ríos. Luis Franco explica que antes de su fallecimiento Martí ya se veía bastante deteriorado físicamente: "El Martí de esos días estaba ya transfigurado: la calvicie había hecho de su frente un calvario; la fiebre del cuerpo (la llaga inguinal del presidio y los pulmones rotos) y la fiebre del espíritu le iban robando en tal forma la carne que la faz estaba como esculpiéndose directamente en el hueso. En los ojos más hundidos que nunca, había un fulgor de visión y pasión tan inquietante, que la fugaz dulzura de la mirada apenas disimulaba un poco".


Pasada la muerte de Martí, el 1 de enero de 1899, y después de cuatro siglos, es arriada en Cuba la bandera española. Al poco tiempo, Cuba tendría su propio gobierno pero controlado desde Estados Unidos. Con respecto a esto, José Martí ya se había adelantado en el tiempo y dejaba dos pensamientos que a la postre reflejarían lo que Cuba fue desde un tiempo a esta parte. En principio el poeta manifestó: "No basta sacar a España de Cuba: tenemos que sacarla de nuestras costumbres". Para también adelantar: "Una revolución es necesaria todavía, la que no haga Presidente a su caudillo, la revolución contra las revoluciones, el levantamiento de todos los pueblos pacíficos, una sola vez soldados, para que ni ellos ni nadie vuelvan a serlo jamás".


En tiempos en que América y el mundo cierran su discurso para convertirse en una totalidad homogénea de pensamiento y acción. En esta actualidad en que el factor económico ruge en las espaldas de los pueblos más chicos y los somete hasta lo extremo. En estos momentos así y a 113 años de la desaparición de José Martí la poesía y las manifestaciones sociales no distan demasiado de aquella América colonizada. Por tanto, Martí como muchos otros luchadores nacen todo el tiempo y nos regalan, al menos con sus poemas, una brisa cálida de esperanzas y deseos realizables algún día. Tal vez por eso escribió: "Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y hablar sin hipocresía... Un hombre que oculta lo que piensa, no es un hombre honrado" (de José Martí para los niños de todos los tiempos en "La Edad de Oro").


sábado, 28 de junio de 2008

Ya casi no pregunto



Desde la penumbra


Cada vez que quiero escribir, en el andén de la miseria que se escapa por los poros cuando me doy cuenta que hay poco para decir, atropello mis ganas con la desidia que hay en el entorno.


Si un vómito de existencia quiso que mis pies cavilen por la mediocridad igual que muchos entonces el pasado hizo poco para cambiar este presente. Y muchas veces la inspiración juega una mala pasada, un partido aparte, lejos de ese córner que vacila entre ser la última bola de la noche o el murallón del infinito. El tiempo se para o yo lo paro para ver y jugar con mis sienes, tratando de entender la normal de esta construcción que parece, a rayos, insignificante, realidad irrealizable. Deslizo el último apéndice de tinta, mi lapicera empieza a dormir en lo irrecuperable, pero la hoja, vacía, tiene mucho para decirme todavía. Miro a esa mujer aparecer otra vez, su escote, su puta manera de caminar por su propia fisura de humanidad. Y pienso que la estoy construyendo a gusto y paladar. La hoja proporciona la claridad que no tengo. Prefiero el caos, sin embargo. Ese caos creativo, esa pura subyugación de mi organismo que cae y rebota contra los papeles, mientras la tinta está seca y el vino se terminó.


Afuera, en ese afuera que casi no percibo, y que poco puedo entender, hay migajas de consciencias suturando sus propias inacciones. Me quedo a conversar con un ciruja, me pierdo en el anonimato de los sinrostro, un número inaquilatado, frío de estadísticas omitivas. Vomito sobre la vereda, el ciruja es casi un hermano. Para esa hora ya estoy creyendo en la libertad. Toco el aire, lo percibo y lo arrojo. Tomo y exhalo. Miro a esa mujer, pienso en la libertad. Pienso en la vida en libertad. Pienso en la libertad de vivir. Pienso en que la libertad es una mierda.


En el sumario de mis papeles que se sacuden hacia un sol que poco soporto hay algo de espectacularidad en los movimientos, justamente, de mis letras, que se derriten en medio de tan poca luz. Corro el peligro por recorrerlo todo y viajo adonde quiero, como si querer, esa imaginación de viaje, fuera de mi propiedad. Tengo la imaginación regalada a los perros callejeros, a un útero que expulsa sus posibilidades. Y creo que desde que nací sueño, pero tal vez estuve dormido todo este tiempo. Me levanto ante este aire que sé que es de propiedad de otro. Prendo un retrovisor a medida y el espejo de enfrente me disuade. No tomo el arma, es un suicidio poco creativo, según dijo un experto en matar a otros. Y, tal vez, sacudirse un poco de tanta irrelevancia existencial sea tan sólo la posibilidad de poder comer del plato vecino. La abundancia oprime y corrompe a veces. Esa misma abundancia que me esquiva. Pero este optimismo justo progre que siento se va a dormir después del noticiero.


No me justifico por escribir. Tampoco me inquieta la razón de creer haber jugado en todas las lides (aunque no lo hice en casi ninguna), sin haber conocido, al menos por una vez, la derrota. Sin caídas no hay grandes cimas. Sin la locura de querer vencer ese miedo no debe existir, por tanto, mi reloj. Puedo escuchar miles de sonidos distintos en un segundo infinito, pero también puedo perder toda noción de esos sonidos, padeciendo de la selectividad de mi oído que me hace cada vez menos hábil, un ser humano epidérmico. Y pensar que mientras camino, mientras arrugo estas hojas, estoy pensando en la trascendencia. Tal vez algún día entienda que no nacimos para ser sino para parecer. Un rapto de escepticismo creciente, pero a la vez ciclotímico. Tal vez necesario para colgar un cuadro de mierda en una habitación de mierda. Es probable que mire esa pared como antes y es muy probable también que al mirar esa pared ya no esté mirando lo mismo. Escribo, es de noche, creo que no dejo huella sobre esta plancha blanca que me atrae. A la madrugada todo se ve mejor, hay más claridad, en medio de la obscuridad. Por eso convoco a ese ciruja. Camino por el costado de la calle, por el sector en donde no debo. Por mi garganta la sensación de expulsión es demasiado fuerte. Pero no tengo armas para gritar. Me siento sobre los pies de una estatua cagada por miles de palomas que me miran y no me entienden. La paloma soy yo. La cagada también debo ser yo, en otra versión de mí. Hay miedos ahí, los reconozco, y ya no puedo dejar de teclear en la computadora, no puedo dejar de tirarle tinta a ese inmerecido papel, porque no tengo nada para decir. Y por eso, porque no tengo nada para decir, es porque escribo incansablemente. Si tuviera algo para decir me lo callaría para siempre. Si tuviera, si consiguiera, al menos una certeza en la vida lo más seguro es que ya no viviría.


Sólo hay cadáveres de la sociedad a esta hora, en la madrugada ecléctica en la que me he sometido. Pobres los sabelotodo en medio de esta génesis. Losabentodo porque le hemos permitido creer que llevan tal condición. En realidad, si un pájaro te caga en la frente, prácticamente entendés, en ese momento, en ese puto instante apócrifo, que no sabés nada, que no dominás ni tu propia vida. Las situaciones oprimen cuando no las podemos manejar. Y en realidad no manejamos casi nada. ¿Madurar? La plaza todavía está sin regar, no hay césped aún, pero sigo queriendo sembrar lo que nunca conocí. Me rodeo de otras existencias sin vida propia y nos convertimos en lo que somos en verdad hoy: autómatas manejados por pulsiones, gente que se cree lo que le dan de comer y con eso creemos en lo que vemos. Ahora, digo, aunque no sé si realmente lo digo yo: si la duda existiera, si por un momento dudáramos de la duda, probablemente no estaríamos preguntándonos tantas infamias.


Prácticamente, el derroche surreal de vidas que no vivimos, de imaginaciones que jamás percibimos, se torna peligroso. Y el peligro radica en su abundancia. La abundancia de la nada. Estamos llenos de vacíos y nuestra vida consiste en querer llenarlos, creyendo que los llenamos, acumulando solamente bilis tras expectativas que no tienen asidero. Y mientras escribo esto que no es escrito por mí, y mientras corro a ver si hay agua en el volcán, pienso en la verdad. La ingenuidad del sentido de verdad es tan maleable como el manejo que los manipuladores hacen de la verosimilitud. Pero la verdad, aunque ilusoria, aunque exista sólo en contraposición a la ilusión de mentira, es la mejor utopía, siempre y cuando algún día corrobore la certidumbre de lo que acabo de tomar como tesis personal.


A veces digo: mierda! Cómo puedo estar todavía creyendo en esa gota de agua que cae, se escapa y se va por la hendija. Cómo puedo creer que esa gota sobrevive en otras gotas que van a salir después. Nada se repite aunque vivimos siendo mimos de nosotros mismos y creemos revivir situaciones que existen, deformadas, en nuestras consciencias, como huellas mnémicas corrompidas por el olvido. Mientras mis músculos se ponen tensos y, acto seguido, se relajan después de miles de movimientos, hay un millón de posibilidades de ser que me acompañaron, en un segundo, en esta quietud cotidiana.


Todos los días (en los que puedo levantarme) salgo de la cama, prendo el televisor, como algo, miro por la ventana y digo, casi sin ganas: no parece, pero los días me han cambiado. Ahí nomás voy al baño y vomito todo lo que puedo, todo lo que me queda como recuerdo, para… no saber que estoy.



Pablo Zama

martes, 24 de junio de 2008

Nota de archivo (lunes 20 de noviembre de 2006)



La visita del Licenciado Carlos Álvarez a San Juan:



ESTE NO ES EL MISMO CHACHO



(Esta nota fue publicada en la revista Kriterio de San Juan y en el blog para lectores de la revista Noticias de Buenos Aires)



Por Pablo Zama


El ser humano por su propia condición es contradictorio, produce incongruencias constantemente, presenta actos fallidos a cada momento y, por sobre todo, y en este país, se olvida muchas veces de lo que alguna vez pregonaba con lo que en la actualidad hace. En materia de política, todo algún día se sabe, y la contención a la corrupción nunca es tan sólida como para que pase demasiado tiempo sin que se sepa lo que sucedió. Es claro también que más allá de que los hechos salgan a la luz, no es menos cierto que en la Argentina las situaciones de corrupción casi nunca son penadas como corresponden en la Justicia. Un Poder Judicial que generalmente es adicto al ejecutivo, y en este país de democracia presidencialista se hace cada vez más difícil creer que lo que hoy se descubre, mañana será penado con la dureza que le confiere. Ni Joaquín Morales Solá desde su columna dominical en el diario La Nación pudo saber la repercusión que iba a tener lo que escribió un 25 de junio de 2000 después de chequear varias fuentes. Ni una fórmula presidencial que en carrera al sillón de Rivadavia, desde la campaña, proponía como primer actuación en el gobierno la lucha contra la corrupción pudo esperar el final catastrófico de un gobierno que quedó para la historia por su ineficiencia, incapacidad de acordar entre los mismos ministros, De La Rúa y los legisladores oficialistas cuáles eran las acciones a seguir en cada momento.



Y acá está el Licenciado Carlos Chacho Álvarez, ex vicepresidente de Fernando De La Rúa, un ex frepasista que en su momento generó un entusiasmo particular entre quienes creían en que se podía luchar y ganarle a las malas prácticas políticas de la corrupción y el enriquecimiento ilícito. Álvarez, un hombre que asomaba como parte de la nueva política con una postura ética que pocos tenían. Al momento de comenzar su disertación sobre el Mercosur en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Juan, y cuando las autoridades que lo acompañaban son invitadas por el locutor de Radio Universidad a volver a sus asientos para que Álvarez comience con su exposición, este no tiene la mejor idea que decir: “No me dejen solo”, a lo que alguien del público presente le responde: “Eso lo decía tu hermano” (en referencia al periodista Bernardo Neustad). A lo que me precipito a pensar que tal vez esa es la soledad que Chacho siente en este momento y desde hace bastante tiempo.




Carlos Álvarez llegó a San Juan después de mucho tiempo, pero ahora en calidad de presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, y en la disertación en la FACSO algo se notó más allá de lo que dijo. Se pudo apreciar que este Chacho Álvarez no es el Chacho Álvarez vehemente que fue vicepresidente de la Nación. Tal vez los años, la presión exterior que las personas públicas reciben, las decepciones, los flagelos de la vida de la lucha por los ideales lo hayan aplacado de su frontalidad con que denunciaba cada acto de la mala política o de la política contaminada de vicios. Él mismo, al terminar la brevísima charla que mantuvo con Kriterio lo dijo: "Así es, eso me significó mucho. Es un tema muy caro a lo que yo pasé y sufrí ahí y espero entonces que se esclarezca", se refería a la presunción de coimas en el Senado. Pero la frase podría haber encuadrado perfectamente en cualquier alusión a su paso como vicepresidente de la Nación y más aún cuando tuvo que lidiar con un Senado que le fue siempre adverso, que pudo encarrilarlo sólo en ocasiones, pero que tanto desde la oposición como de las bancadas oficialistas era repudiado y enfrentado porque... estaba metiendo el dedo en la llaga y eso en Argentina no se debe hacer, porque las corporaciones devoran hasta al más pintado.


Esta es la conversación que Kriterio pudo tener con el Lic. Álvarez una vez que se retiraba del salón de actos de la FACSO custodiado por académicos de esa institución que miraban con total recelo a quien emitía las preguntas que en San Juan están prohibidas:


Zama - ¿Licenciado Álvarez esta es la primera vez que habla con Gioja después de su renuncia a la vicepresidencia de la Nación?


Álvarez - Es la primera vez, sí es la primera vez que hablo con Gioja.


Zama - Porque está latente todavía el tema de las coimas en el Senado, por eso la pregunta.....


Álvarez - Eso está en la Justicia, eso va a ir a juicio oral que creo que se va a llevar adelante en el 2008.


Zama - ¿Usted confía en la justicia argentina, en que va a llevar a buen puerto este tema?


Álvarez - Sí, creo que los jueces que han trabajado en el tema lo han hecho muy bien, con mucha seriedad. Tanto el juez Rafeccas como los fiscales, que han llevado el tema con mucho tesón, con mucha voluntad y creo que tienen una predisposición muy importante para esclarecerlo.


Zama - Según la lista que muestra Pontaquarto aparece el apellido de Gioja, el gobernador de la provincia de San Juan. ¿A usted le parece que está muy involucrado José Luis Gioja en este tema.....


Álvarez - Interrumpe. No, no está imputado en la causa. No aparece, en los imputados y procesados no aparece.


Zama - ¿A usted le parece entonces que no cobró las coimas?


Álvarez - No, yo me atengo a los fallos y a lo que va diciendo la Justicia.


Zama - ¿Según lo que usted sabe le deja un manto de duda.....


Álvarez - Interrumpe. No, no puedo hacer consideraciones individuales sobre este tema porque hay muchísimas fojas en la justicia y me parece que en este tema hay que dejar hablar a la Justicia.


Zama - En el momento en que se desencadena lo de la presunción del cobro de coimas en el Senado a usted se lo vio bastante angustiado por este tema.....


Álvarez - Así es, eso me significó mucho. Es un tema muy caro a lo que yo pasé y sufrí ahí y espero entonces que se esclarezca.


Zama - ¿Sigue el proceso permanentemente?


Álvarez - Sí, pero confío mucho en lo que hizo el juez.



No es el mismo Chacho que tiempo atrás estaba dispuesto a hablar de todo. Desde el primer momento en que me acerco y enciendo el grabador me mira sorprendido, y cuando empiezo a preguntar sobre las coimas en el Senado su cara se vuelve pálida y se muestra reacio a contestar cualquier pregunta. Pero este hombre que estaba acostumbrado a meter el dedo en la llaga de los impostores parece que ya no es el de antes, sabiendo que Gioja ya tiene el estigma de haber sido nombrado por Pontaquarto y que Jorge Lanata dijo que votó a la "peinada" la ley de reforma laboral, siendo que después el gobernador desmintió que haya votado, pese a que un video de Crónica TV lo desmiente. Digo que a pesar de todo eso, Chacho Álvarez tuvo que ponerse el traje de la diplomacia, hacerle caso sumiso al gobierno nacional y pasar a saludar a Gioja como si nada hubiera pasado, que, por otra parte, todavía nos está pasando, porque lo de las coimas en el Senado no tiene todavía final. Carlos Álvarez tuvo un paso fugaz por la provincia y mi charla con él no pudo ser más efímera. Pero hay algo que tengo muy en claro, hay un axioma de la comunicación que dice que “no es posible no comunicar", espero que lo sepa Chacho porque por más que hizo como que no dijo nada, con su actitud de rehuir cualquier pregunta sobre la participación de Gioja en el tema de las coimas en el Senado, y con la cara de reticencia que puso, Chacho ya lo dijo todo.



En el año 2000 el ex vicepresidente ya le había dicho al diario La Nación lo mismo que dijo acá en San Juan sobre que "el ámbito de la Justicia es el más idóneo". Pero también dijo que "hay que encontrar la punta de la madeja" en esta historia. Lo único que esperaba es que Álvarez no se haya olvidado del tema, pero la sensación que me dejó después de hablar con él es que se ha desentendido bastante del asunto, y eso que en agosto del 2000 le manifestó a Página 12 que: "si existieron los sobornos, estaríamos en una crisis terminal", y fue así nomás, y más allá de los atenuantes que propusieron desde el oficialismo sobre el rumor de que Chacho Álvarez se iba de la Casa Rosada porque estaba molesto con la SIDE, debido a que supuestamente desde allí surgieron versiones sobre su vida privada que lo habrían hecho declinar de la vicepresidencia, Chacho se fue fundamentalmente por lo de las coimas, o al menos esa fue la gota que colmó el vaso. Sólo algo más vale recordar, porque la memoria a veces nos juega una mala pasada y Álvarez dijo aquí que él no puede dar opiniones sobre causas que se manejan en la Justicia, una sola cosa que es lo que le dijo al periodista Joaquín Morales Solá en el momento en que empezaba a arder el Senado de la Nación: "Estoy seguro de que los sobornos existieron, pero no tengo ninguna prueba de ello. Si fue así, este gobierno estallará en mil pedazos". El gobierno, ese gobierno, estalló y si lo de las coimas no se resuelve pronto lo que estallará definitivamente es la credibilidad de los argentinos en la Suprema Corte de Justicia.




Estoy sentado sobre un banco de la Plaza 25 de Mayo, esperando a alguien que nunca va a venir. Mientras desgrabo (escribo en mi anotador lo que tengo en el casete) la entrevista con Chacho Álvarez veo salir de Casa España a un moreno que, seguro, está en calidad de turista en la provincia. Inmediatamente me pregunto si en su país conocerán a quien estoy esperando y nunca va a venir. Se está haciendo demasiado tarde y quien espero, obviamente, no viene. Me voy entonces, en mi calidad de perseguidor de utopías, a buscarla. Ingreso raudamente a Tribunales y en mesa de entradas farfullo: "¿Está la Justicia.....?".....



Más tarde vuelvo a sentarme en un banco de la plaza, y la canción dice:



Apoyo mis espaldas

y espero que me abraces

atravesando el muro de mis días

y rasguña las piedras

y rasguña las piedras

y rasguña las piedraaass.....